martes, 3 de septiembre de 2019

Eden en Aguilar

Edén en Aguilar de Campoo

AGUILAR DE CAMPOO  |  Santa María la Real


Tras un larguísimo viaje, aterricé en un paraje divino que me hizo salivar y remover todos mis jugos gástricos. Ahora comprendía el prolongado ayuno al que había estado sometido sin catar bocado alguno, pues aquel intenso y dulce olor a galleta me hacía presumir un opíparo desayuno. En esas estaba yo relamiéndome cuando nada más poner patas en el suelo oigo una voz de uno de estos humanos que me acompañan, que grita: " Velar se debe la vida de tal suerte que quede vida en la muerte".


¡ Mal empezamos!- me dije.


Creí que esta vez me tocaba ir de funeral a un cementerio románico, y más cuando atravesé el umbral del ala izquierda de aquel edificio de doble planta, con su cilla y espadaña al fondo, y encontré restos fragmentarios de enterramientos.


Sin darme resuello para recuperarme de la impresión, comienzan las consabidas discusiones como si fuera un partido de fútbol donde unos se acuerdan de la madre del árbitro, otros del padre y la mayoría, de todos sus difuntos. Nada, que no se ponen de acuerdo sobre su "fundación", pues parte de esta piara de gamberros románicos la atribuyen a un tal Alpidio y a su hermano Opila, mientras alguno de ellos a un abad de Retuerta en tiempos de Alfonso VIII. ¡ Mentecatos, tanto título y horas de estudio y no saben que su verdadera Fundación la hizo un maestro de obras muy gracioso llamado José María Pérez González, cuya marca me fecit es la de "Peridis"!

Tampoco se ponen de acuerdo en su estilo y vinculación monástica, que si benedictina o premostratense, por aquello de su insigne espadaña, ni en su nombre que unos dicen que es San Pedro y San Pablo y otros Santa María la Real. Los que aquella defienden tiran de remotas leyendas que, al menos, sirven para distraer las telarañas de mi estómago mientras me entretengo escuchando lo de que cuando Alpidio cazaba allá por el año 820, encontró un templo junto a una roca y bajo éste otro con tres altares bajo uno de los cuales hallaron las reliquias que dijeron eran de San Pedro y de San Pablo, y bajo el otro " parte de la sagrada vestidura de Nuestra Señora", por lo que Opila decidió construir un monasterio benedictino, de San Pedro y San Pablo, aunque veinte años después mudó el nombre por el actual cuando los monjes se bajaron, permaneciendo en él hasta la primera centuria del siglo XII en que fue ocupado por los premonstratenses con su abad don Miguel. Y que un fuste de su sala capitular, trasladado como otras muchas piezas, grita la fecha: " Era MCCXLVII fuit factum hoc opus Dominicus".


Toda esta charla discurría en el claustro, muy bonito. Pese a tratarse de un cenobio de la Orden Premostratense, su distribución se parece mucho a los de los monasterios cistercienses, pues al costado sur de la iglesia el claustro presenta planimetría cuadrangular con cuatro galerías o pandas cubiertas con bóvedas de crucería que vendrían a sustituir a las primitivas de madera, y cada panda se abre al jardín central mediante grupos de tres arcos de medio punto algo apuntados sobre pares de columnas que, a su vez, quedan abrazados por arcos mayores apuntados separados entre sí por contrafuertes. Cada uno de los pares de columnas culminaría en capiteles ornamentados, los más antiguos tallados en torno a 1180, y otros ya del siglo XIII de clara influencia cisterciense que hoy, perdidos o trasladados al Museo Arqueológico, han sido sustituidos por sencillos y lisos bloques pétreos.


Desde su planta diferentes estilos, porque mientras la puerta de los monje que comunica este claustro con la iglesia es de claro románico, el abovedamiento de las crujías son góticas. O sea, un totum revolutum que pregona el estado de abandono, despojo y expoliación del siglo XIX donde se arrancaron capiteles, columnas y molduras que acabarían en el Museo de Universidad de Harvard.


Y buscando y buscando identificación entre románico y gótico, me pegan un meneo por la Sala Capitular, la huerta, la capilla del Abad y el templo basilical que desemboca con sus  tres naves en un crucero cubierto con bóveda de cañón apuntado al que abriría, en origen, una triple cabecera de la que en la actualidad tan solo se conservan dos de sus ábsides. La absidiola lateral norte sería derribada a mediados del siglo XVII para construirse la conocida como Capilla del Cristo o del Crucifijo.


Mientras impresionado por el conjunto, no dejaba de pensar que sería éste lugar un buen sitio para poder haber visto en él una buena exposición de pintura románica...




Artículo original: https://curioson.blogspot.com/2019/09/eden-en-aguilar-de-campoo.html
© CURIOSÓN

Románico en Aguilar


En Aguilar de Campoo

AGUILAR DE CAMPOO   |   Santa María la Real


Cuando se atraviesa el umbral del ala izquierda de aquel edificio de doble planta, con su  espadaña al fondo,  se encuentran restos fragmentarios de enterramientos.

Nada, que no se ponen de acuerdo sobre su "fundación", algunos la atribuyen a un tal   Alpidio y a su hermano Opila, mientras otros a un abad de Retuerta en tiempos de Alfonso VIII.
Y no saben que su verdadera Fundación la hizo un maestro de obras muy gracioso llamado José María Pérez González, cuya firma es la de "Peridis"
Tampoco se ponen de acuerdo en su estilo y vinculación monástica, que si benedictina o premostratense, por aquello de su insigne espadaña, ni en su nombre que unos dicen que es San Pedro y San Pablo y otros Santa María la Real. Los que aquella defienden tiran de remotas leyendas que, dicen que cuando Alpidio cazaba allá por el año 820, encontró un templo junto a una roca y bajo éste otro con tres altares bajo uno de los cuales hallaron las reliquias que dijeron eran de San Pedro y de San Pablo, y bajo el otro " parte de la sagrada vestidura de Nuestra Señora", por lo que Opila decidió construir un monasterio benedictino, de San Pedro y San Pablo, aunque veinte años después mudó el nombre por el actual cuando los monjes se bajaron, permaneciendo en él hasta la primera centuria del siglo XII en que fue ocupado por los premonstratenses con su abad don Miguel. Y que un fuste de su sala capitular, trasladado como otras muchas piezas, grita la fecha: " Era MCCXLVII fuit factum hoc opus Dominicus".
El claustro, muy bonito.
Pese a tratarse de un cenobio de la Orden Premostratense, su distribución se parece mucho a los de los monasterios cistercienses, pues al costado sur de la iglesia el claustro presenta planimetría cuadrangular con cuatro galerías o pandas cubiertas con bóvedas de crucería que vendrían a sustituir a las primitivas de madera, y cada panda se abre al jardín central mediante grupos de tres arcos de medio punto algo apuntados sobre pares de columnas que, a su vez, quedan abrazados por arcos mayores apuntados separados entre sí por contrafuertes. Cada uno de los pares de columnas culminaría en capiteles ornamentados, los más antiguos tallados en torno a 1180, y otros ya del siglo XIII de clara influencia cisterciense que hoy, perdidos o trasladados al Museo Arqueológico, han sido sustituidos por sencillos y lisos bloques pétreos.
Desde su planta diferentes estilos, porque mientras la puerta de los monjes que comunica este claustro con la iglesia es de claro románico, el abovedamiento de las crujías son góticas. O sea, un totum revolutum que pregona el estado de abandono, despojo y expoliación del siglo XIX donde se arrancaron capiteles, columnas y molduras que acabarían en el Museo de Universidad de Harvard. Y buscando y buscando identificación entre románico y gótico, dando una vuelta por la Sala Capitular, la huerta, la capilla del Abad y el templo basilical que desemboca con sus  tres naves en un crucero cubierto con bóveda de cañón apuntado al que abriría, en origen, una triple cabecera de la que en la actualidad tan solo se conservan dos de sus ábsides. La absidiola lateral norte sería derribada a mediados del siglo XVII para construirse la conocida como Capilla del Cristo o del Crucifijo.

Artículo original: https://curioson.blogspot.com/2019/09/eden-en-aguilar-de-campoo.html
© CURIOSÓN

martes, 6 de agosto de 2019

Románico Palentino


Características del Románico en Palencia
Ábside de la iglesia de Villanueva de la Torre. PalenciaNo puede decirse que el románico de Palencia presente unidad estilística, debido principalmente a las numerosas y habituales divisiones territoriales, eclesiásticas y políticas que tuvieron lugar en estos territorios. 
Además la conformación actual de la provincia nada tiene que ver con la realidad política medieval. De ahí los fuertes contrastes tanto paisajísticos como artísticos de las zonas meridionales y del norte provincial
Podemos, a grandes rasgos, establecer tres categorías:
El románico incipiente
La primera referencia románica de Palencia es la catedral, encontrando en el subsuelo de la misma la primigenia seo, continuación de la cripta visigoda, lo que la sitúa a la cabeza del románico español por derecho propio.
Cripta de San Antolín. Catedral de Palencia
El artífice y promotor fue Sancho de Navarra que delegó los menesteres eclesiásticos en la figura del obispo Bermudo, sucesor de Ponce de Oviedo. De ahí, las evidentes influencias asturianas de la cripta de San Antolín.
El románico culto: El Camino de Santiago

El hecho de que el Camino de Santiago, auténtica arteria cultural y espiritual de la Edad Media atravesara la provincia de lado a lado permitió que se erigiese una de las mayores glorias del románico europeo: San Martín de Frómista, durante el siglo XI. El Camino Francés hizo posible la expansión de un nuevo románico que alcanzaría su mayor grado de auge con edificios tan emblemáticos como los de Carrión de los Condes.
Frómista
Tardorrománico y Románico de transición
Santa Eufemia de Cozuelos. Palencia
Sin embargo, el románico de tendencia universalista no es la única tendencia que debe considerarse en la provincia.
A finales del siglo XII, enmarcadas en preciosos valles y montañas, proliferan iglesias en el norte palentino bajo la autoridad naciente de los concejos libres.
Daniel en el foso de los leones. Villanueva de la Torre. Palencia
Buenos ejemplos son Revilla de Santullán y San Salvador de Cantamuda. Hay que señalar que la espadaña es el hilo conductor de todas ellas pues es muy raro que falte este elemento.
Iglesia de Gama, en un hermoso valle de la Montaña Palentina
A principios del siglo XIII se comienzan edificios que marcan un punto de transición que mira al gótico.
Es el caso de los monasterios de Santa María la Real de Aguilar, Santa Cruz de Ribas y San Andrés del Arroyo.
La influencia efectista de este último monasterio debió ser muy importante en todo el norte de Palencia y Burgos.
San Andrés de Arroyo
Obedece a una decadencia de la pureza cisterciense que aunque sigue renunciando a la iconografía del románico clásico (sobre todo en lo referente al bestiario medieval) se apega a una delicadeza de formas persiguiendo el efecto estético de manera calculada.

 Textos e imagenes de Arteguia





sábado, 13 de enero de 2018

Segovia



El ALCÁZAR de SEGOVIA...
No está confirmada la presencia de un castillo musulmán o anterior sobre el promontorio en que se levanta el Alcázar. La conquista en el año 1085 de la ciudad de Toledo por parte del rey de Castilla y León Alfonso VI (entre 1072-1109) permitió la repoblación de la ciudad con gentes venidas del norte, realizada hacia el 1088 por Raimundo de Borgoña y el obispo de la diócesis Pedro de Agen.
La primera referencia que se tiene de una fortificación es del año 1122 en que se menciona un castro sobre el Eresma. En 1155 ya se le cita con el nombre de Alcázar (del árabe Al Qasr).
Las primeras noticias ciertas que tenemos del Alcázar corresponden al rey de Castilla Alfonso VIII (entre 1158-1214) y su esposa Leonor de Plantagenet cuando instalan su corte o residencia Real en el Alcázar. De esta época pueden corresponder los restos de arcos románicos que se pueden ver con cierta dificultad en el Patio de Armas.
El segundo rey que estableció su corte en el Alcázar fue Alfonso X el Sabio (entre 1252-1284) que pasó largas temporadas en este lugar y a quien se le atribuyen algunas leyendas o historias ocurridas en el castillo. Este rey convocó Cortes del Reino en el Alcázar en 1258 y 1278.
Una de las leyendas atribuidas al rey Sabio, es la que nos cuenta que habiendo establecido su observatorio astronómico en una de las torres, cayó un rayo sobre ella matando a varios sirvientes pero saliendo el rey ileso. El franciscano fray Antonio de Segovia atribuyó el hecho a un castigo divino por la soberbia del rey que había efectuado unos comentarios que ponía en duda la perfección del orden celeste. "Si Dios me hubiera consultado, el mundo hubiera salido mejor”. El rey arrepentido se confesó ante el franciscano y como penitencia colocó un cordón en escayola de la orden de San Francisco en la sala que desde entonces recibe el nombre de Sala del Cordón.
Enrique II (entre 1369-1379), primer rey de la dinastía Trastámara hizo del Alcázar su corte casi permanente, de hecho uno de sus hijos el infante Pedro dice la leyenda cayó desde la Sala de Reyes. Según esta leyenda, al ama de cría que se encargaba del cuidado del infante Pedro Enríquez (era hijo natural), se le cayó el niño de pocos meses por una de las ventanas del Alcázar, desesperada la mujer se lanzó al vacío detrás del niño. Se sabe con certeza que esta leyenda es falsa pues en el momento de la muerte del infante en 1366 este debía tener doce años.
El hijo y sucesor Juan I (entre 1379-1390) continuó con la corte en Segovia y convocó Cortes en 1383, 1386 y 1390. Será con otro Trastámara, el rey Enrique IV (entre 1454-1474) cuando el Alcázar alcance su máximo esplendor y riqueza decorativa. La sucesora de Enrique IV, Isabel la Católica (entre 1474-1504) pasó temporadas en el Alcázar, de hecho, de este castillo salió hacia la Iglesia de San Miguel de Segovia para ser coronada Reina de Castilla.
Todavía en vida de de Isabel la Católica, el centro de poder se desplaza de Segovia. Carlos I (entre 1517-1556) se ve obligado a luchar contra los comuneros que se han refugiado en el Alcázar. Su hijo Felipe II (entre 1556-1598) se alojó en el Alcázar e incluso contrajo matrimonio con Ana de Austria en la capilla del castillo, pero con el establecimiento de la capital en Madrid y la construcción del Monasterio del Escorial como Panteón Real y centro de la vida cortesana, el Alcázar cayó en el olvido de una manera paulatina.
En 1764 el rey Carlos III (entre 1759-1788) establece en el Alcázar el Colegio del Real Cuerpo de Artillería. Un incendio ocurrido el 6 de marzo de 1862 destrozo el castillo, la Academia de Artillería cambió de sede y el Alcázar quedó desocupado. En este incendio ardieron prácticamente todas las techumbres y artesonados de madera del Alcázar, pero gracias a las pinturas que en 1844 había realizado José María Avrial Flores pudieron ser reconstruidas en su integridad.
Después del incendio se uso como Archivo General Militar, función que todavía cumple en la actualidad. En 1882 comenzó la restauración del edificio que se encontraba medio en ruinas y que se han prolongado hasta el último tercio del siglo XX.
A lo largo de su historia ha sufrido diversos usos no estrictamente militares o palaciegos. Muchos hechos históricos han ocurrido entre sus muros y muchos personajes importantes han paseado por sus salones. Fue prisión de Estado y en él pasaron sus días y algunos otros fueron ejecutados gentes de la más alta alcurnia de Castilla. En el Alcázar fue proclamada como reina de Castilla, Isabel I la Católica y en este castillo contrajeron matrimonio el rey Felipe II con su cuarta esposa Ana de Austria en 1570. En el Alcázar fue recibido por los reyes Isabel y Fernando, Cristóbal Colón, aquí se alojó Jorge Manrique, poeta autor del bello poema "Coplas de la muerte de mi padre".
CARACTERISTICAS:
La entrada al Alcázar se realiza a través de un puente de piedra realizado en tiempos del rey Felipe II. Con anterioridad este puente no era de piedra, era de madera y levadizo, lo que facilitaba en gran medida la defensa del Alcázar. Este puente salva un foso de 26 metros de profundidad que separa el castillo de la ciudad. Este foso en origen era natural, pero poco a poco se fue excavando y usando sus piedras como material de construcción del castillo. Sobre el dintel de la puerta podemos ver las armas del rey Felipe V de Borbón. Nada más traspasar la puerta nos encontramos con la torre de Juan II que domina todo el conjunto y es la más alta de todo el castillo.
La entrada se dispone en una pequeña muralla que antecede a la torre de Juan II y cuya parte superior recibe el nombre de Galería de Moros, ya que según se dice por ella realizaba vigilancia la guardia mora del rey Enrique IV.  a la Torre del Homenaje situado en el punto más lejano de la entrada. El patio de armas tiene su origen en el siglo XII-XIII aunque como veremos fue rehecho en el siglo XVI.
En 1598 el arquitecto Francisco de Mora, discípulo de Juan de Herrera realizó una fuerte transformación en el aspecto exterior e interior del castillo. Al exterior destacan los tejados de pizarra y los chapiteles cónicos de las torres que le dan su configuración característica. Estos son obra de Gaspar de la Vega (ca.1523-1575) por encargo del rey Felipe II.

lunes, 24 de agosto de 2015

Nuestra Señora de Atocha

Nuestra Señora de Atocha
Basílica-Parroquia Nuestra Señora de Atocha

Omitir vínculos de navegaciónBasílica Nuestra Señora de Atocha > Historia
Antigua Basílica de AtochaSe dice que la primitiva ermita de Atocha estuvo en la vega madrileña, cerca del río Manzanares, en el lugar denominado Santiago el Verde; siendo trasladada más tarde al lugar que ocupa actualmente por el caballero Gracián Ramírez. Consta la situación señalada de la ermita por una carta que se conserva, al parecer, en la Catedral de Toledo y en la cual San Ildefonso, gran devoto de Atocha indicaba a un canónigo de Zaragoza que cuando pasase por Madrid «se acordara de que en su Vega, había una devota imagen de Nuestra Señora, con un Niño en el brazo izquierdo y una manzana en la mano derecha, llamada la Virgen de Atocha» y de la cual el santo dice recibió muchos consuelos. Todo esto nos manifiesta cómo ya en el siglo VII era famosa la devoción a la Virgen de Atocha.





Un poco de historia de la Basilica

La ermita 
Poco más sabemos con certeza de la Virgen de Atocha en aquellos tiempos hasta llegar al siglo XI en el cual las crónicas hablan ya de la iglesia de Atocha. Se reducía el templo de la patrona de Madrid en aquel tiempo, a una capillita de 15 pies de larga y 12 de ancha porque, como dice el padre Cepeda, «no permitían más grandiosidades los moros que vivían en su cercanía». Durante la permanencia de los árabes en Madrid, fue estipulado en las condiciones de la capitulación, que servían respetados el culto a la Virgen de Atocha y a la parroquia de Santa Cruz.
El santuario
Cuando mediado el siglo XI entró Alfonso VI en Madrid, la importancia de Atocha comenzó a aumentar y sus fincas y riquezas crecieron tanto que pudo sustentar con ellas a varios capellanes que atendían al servicio y culto de la Virgen.
El convento
Más adelante, en el siglo XVI, la ermita se convirtió en una gran iglesia y las casitas de los Canónigos Regulares en un convento de religiosos de Santo Domingo; por obra del P. Fr. Juan Hurtado de Mendoza, O.P., confesor del Emperador, al cual pidió y también al Papa Adriano VI - la iglesia de Nuestra Señora de Atocha, para los dominicos. Ambos consintieron gozosos y, cumplidos los trámites reglamentarios, el día 2 de junio de 1523, se hizo la entrega solemne de las llaves de la iglesia a los citados religiosos. Y así, bajo el amoroso cuidado de los frailes dominicos ha permanecido desde entonces (salvo en un pequeño período del siglo pasado) la Virgen de Atocha.
La francesada
Todos los reyes de la Casa de Austria se esforzaron en mejorar y ampliar las instalaciones de la iglesia y convento. Durante el reinado de la Casa de Borbón continuaron las ofrendas, y donativos para enriquecer las instalaciones hasta llegar a la que podríamos llamar -la noche triste del santuario- ya que en la noche del 5 de diciembre de 1808, las tropas francesas se apoderaron del convento, lo convirtieron en cuartel, expulsaron a los religiosos y cometieron profanaciones y robos con destrucción de la biblioteca, etc. De nuevo los religiosos, que habían estado refugiados en el convento de Santo Tomás de la calle de Atocha, volvieron al santuario donde estuvieron hasta la exclaustración en 1834, fecha en que la iglesia de Atocha quedó convertida en un páramo de desolación y ruinas y el convento se convirtió en cuartel de inválidos. La reina Isabel II se preocupó de restablecer el culto de Atocha nombrando una especie de cabildo compuesto por un rector y tres sacerdotes, hasta que el peligro de hundimiento movió a la reina Mª Cristina a ordenar que se procediese a su derribo. La Virgen, que recibía culto en una pequeña capilla provisional, fue trasladada a la iglesia parroquial del Buen Suceso que, como Atocha pertenecía al Patrimonio Real.
Restauración
El año 1924 los dominicos, que no podían olvidar a la Virgen de Atocha que con tanta devoción y cariño habían custodiado durante cuatro siglos, solicitaron al rey Alfonso XII concediese facilidades para restaurar el convento e iglesia de la Virgen de Atocha. Se realizaron las obras con la mayor rapidez y el primer sábado de noviembre de 1926 se hizo el solemne traslado de la Virgen, desde la parroquia del Buen Suceso hasta su nueva iglesia, donde fue recibida por su majestad el Rey y su madre la reina María Cristina, reanudándose una nueva era en el culto a la Virgen de Atocha. Quedó interrumpido de nuevo el culto en los azarosos años de nuestra guerra civil, al ser asaltados e incendiados el convento y la iglesia -el 20 de julio de 1936- y los religiosos que no pudieron escapar aquel día trágico fueron martirizados. Se perdió todo cuanto de valor se guardaba en el recinto pero Dios quiso que se pudiera salvar únicamente el mayor tesoro de la casa, la imagen de la Virgen de Atocha que había sido retirada días antes de su trono y había sido entregada para su custodia a una familia amiga de la Comunidad. En 1939, aprovechamos las sólidas paredes maestras que habían quedado en pie después del incendio, entre ruinas, se habilitó el salón del sótano para capilla y en aquella especie de catacumba la Virgen, volvió a ocupar su sencillo y humilde trono.
Interior de la Basílica de Atocha en 1880La basílica
El santuario de Atocha fue elevado a la dignidad de Basílica el 12 de noviembre de 1863 a petición de la reina Isabel II, gracia que le fue otorgada por S.S. Pío IX. La actual edificación inaugurada en 1951 (en la Navidad) forma un rectángulo de 52 metros de frente por 34 de fondo, con una altura en la nave central de 13,25 metros en la que destacan las vidrieras de un estilo de interpretación moderna del románico y que representan los misterios del Rosario en diseño del fallecido pintor Carlos Pascual de Lara. Posteriormente fueron terminados el altar mayor y el camarín de la Virgen que hoy podemos afirmar es una de las patronas de Madrid que tiene un hermoso templo moderno y los religiosos cuentan con los medios precisos para el ejercicio de su apostolado.
La parroquia
La Real Basílica de Atocha estuvo por espacio de 10 años, desde 1878 al 1888, como sede de la Parroquia de Nuestra Señora de las Angustias. Como dato de interés podernos consignar que, en 1883 fue bautizado en ella el gran filósofo madrileño D. José Ortega y Gasset. Esta Basílica fue erigida Parroquia de Nuestra Señora de Atocha canónicamente, en el año 1965, por Monseñor D. Casimiro Morcillo.
Colegio Virgen de AtochaEl colegio
Colegio Virgen de AtochaEl Patrimonio Nacional ha construido anejo, un moderno edificio para colegio que viene a cubrir una necesidad de puestos escolares en la barriada. Inaugurado en 1963, cuenta con una matrícula cercana a los 2.000 alumnos.

© 2015 Imagenes y texto tomado de internet

lunes, 16 de marzo de 2015

Carlomagno

Carlomagno

(Carlos I el Grande; Aquisgrán, 742 - Aix-la-Chapelle, 814) Monarca germánico que restauró el Imperio en Europa occidental. Hijo primogénito del rey de los francos, Pipino el Breve, heredó el Trono al morir su padre (768) y lo completó con los territorios orientales concedidos a su hermano Carlomán, al morir éste en el año 771.

Carlomagno (óleo de Alberto Durero)
Su política expansiva continuó con la conquista y anexión del reino lombardo (el norte de Italia), realizada en el 774, mediante una alianza de los francos con el Papado. Dominada Italia (aunque pervivían tendencias particularistas, especialmente fuertes en los ducados meridionales de Spoleto y Benevento), Carlomagno concentró sus energías en la conquista de Sajonia (norte de Alemania), empresa que le exigió dieciocho campañas sucesivas entre los años 772 y 804.
Carlomagno dominaba así el más importante reino de la Europa de su época; pero para mantenerlo tuvo que combatir continuamente: unas veces contra rebeliones o resistencias internas y otras para asegurar las fronteras contra enemigos exteriores. Entre estas últimas cabe destacar la guerra contra los ávaros en la frontera oriental, que le llevó a dominar los territorios actuales de Hungría, Croacia y parte de Serbia; y también un intento infructuoso de penetrar en España, abortado por la derrota que le infligieron los vascos en la batalla de Roncesvalles (778), pero que le sirvió al menos para crear una Marca Hispánica sometida al reino franco, que iba de Pamplona a Barcelona.

La extensión geográfica del reino de Carlomagno correspondía a la totalidad de lo que hoy son Francia, Suiza, Austria, Bélgica, Holanda y Luxemburgo, y la mayor parte de Alemania, Italia, Hungría, la República Checa, Eslovaquia y Croacia. Ha sido considerado por ello un predecesor de la unidad europea. Ningún monarca había reunido en su mano un territorio tan extenso desde la caída del Imperio Romano (476); por lo que no es de extrañar que la idea de la restauración imperial se abriese paso, ligada a la alianza estable que Carlomagno mantuvo con el Papado.
El día de Navidad del año 800 el papa León III coronó a Carlomagno emperador, dando comienzo así un nuevo Imperio germánico, que perviviría hasta comienzos del siglo XIX. Aunque la continuidad de este Imperio germánico con el Imperio Romano de Occidente, desaparecido tres siglos antes, era una ficción, la restauración de la idea imperial significaba una aspiración a un poder universal por encima de los príncipes de los distintos reinos, que sería la contrapartida temporal de la supremacía del papa en lo espiritual. Esta peculiar alianza y complementariedad del emperador con el papa daría lugar a una pugna por la supremacía entre ambos poderes, que se prolongaría a lo largo de la Edad Media.

El imperio de Carlomagno en el año
de su coronación (800)
En una época caracterizada por el alto grado de violencia y de anarquía que presidía la vida social, el Imperio carolingio fue un gran esfuerzo de organización político-administrativa. Aunque no había una capital fija (la capital del Imperio estaba donde se encontrara el emperador con su corte), la ciudad germánica de Aquisgrán cumplió esas funciones de manera casi permanente. Desde allí, una Cancillería, a cuyo frente se encontraba un clérigo culto, dirigía los asuntos tanto civiles como eclesiásticos; el control del territorio estaba en manos de los condes, salvo en las marcas fronterizas, organizadas militarmente; y unos enviados del emperador (missi dominici) supervisaban la administración en cada rincón del territorio.
La religión cristiana constituía un elemento cultural de integración, de estabilidad y de orden social, que el emperador se encargó de cultivar: protegió a los monasterios y procuró extender la fe cristiana hacia el norte (imponiéndola por la fuerza a los sajones). Sin embargo, aquel gran conglomerado territorial no sobrevivió mucho tiempo. El propio Carlomagno había previsto que, a su muerte, el Imperio se repartiera entre sus tres hijos; pero la muerte de dos de ellos retrasó la fragmentación hasta el momento en que murió el único sucesor superviviente, Ludovico Pío, que también dividió el Imperio entre sus tres hijos (Tratado de Verdún, 843). La dinastía Carolingia siguió al frente del Imperio hasta comienzos del siglo X, y en el Trono de Francia, hasta el 987.

viernes, 21 de marzo de 2014

El lavatorio

El Lavatorio (Tintoretto)
El Lavatorio es un cuadro del pintor italiano Tintoretto, considerado una de sus obras más importantes. Fue pintado entre1548-1549, encontrándose actualmente expuesto en el Museo del Prado de Madridesta obra decoraba el presbiterio de la iglesia de San Marcuola en Venecia.
Se representa aquí una escena narrada por el Evangelio de Juan, en la que se narra cómo durante la Última Cena, Jesús se levantó de la mesa quitándose el manto y atándose una toalla a la cintura. Después de echar agua en un recipiente, se puso a lavar los pies a sus discípulos. Simón Pedro pretendió negarse, pero al insistir Jesús en que de otro modo no podría tener parte con él, accedió a que le lavase los pies, e incluso las manos y la cabeza.
El artista representa el episodio antedicho con Cristo y san Pedro en un extremo de la composición. La mayor parte del lienzo está ocupado por la estancia donde se desarrolla la Última Cena, con la mesa y los discípulos en torno a ella. En el centro destaca un perro, y detrás los apóstoles descalzándose o en diversas posturas y escorzos. En un segundo plano se estaría relatando un milagro de San Marcos narrado por Jacobo de la Vorágine en su Leyenda dorada. El extremo de la izquierda está dominado por otro apóstol que se está desatando el calzado, cuya esculturalidad se asemeja a las poderosas anatomías de Miguel Ángel.

La composición parece descentrada, con el episodio principal desplazado a un lado del cuadro. Esto se explica por el emplazamiento original del cuadro, en la pared derecha de una estancia alargada; los creyentes verían más cerca precisamente la parte donde estaba Jesús. Además, la mesa está orientada hacia esa zona, de modo que vista la obra desde la derecha, el escorzo de la mesa acentúa el efecto de perspectiva. A ello también contribuye el pavimento de losas con formas geométricas.
En el fondo de este lado izquierdo se ven arquitecturas clásicas de una ciudad que recuerda a Venecia, con una barquichuela entre canales, en azules y blancos bañados por una luz fría, lo que da un aire un tanto irreal. Los elementos arquitectónicos están inspirados en ilustraciones de Sebastiano Serlio.
Esta obra decoraba el presbiterio de la iglesia de San Marcuola en Venecia. Perteneció a Carlos I de Inglaterra. Fue adquirido en la almoneda de sus bienes celebrada tras su ejecución por don Luis de Haro, que se la regaló a Felipe IV. Estuvo en la sacristía del Real Monasterio de El Escorial hasta que en 1939 se llevó al Museo del Prado. Durante un tiempo se supuso que era una repetición o copia del taller de Tintoretto, y que la versión original sería otra conservada en la catedral de Saint Nicholas de Newcastle upon Tyne(Gran Bretaña), pero ahora todos los expertos opinan exactamente lo contrario.